Elecciones 2025: Aptitud ciudadana y soberana
Hoy 30 de noviembre el pueblo hondureño tiene una cita histórica con su patria, con su matria, con el terruño que le vio nacer y crecer, donde sus hijos e hijas corren, las juventudes bailan, ríen y sueñan un mejor porvenir. Aunque también hay muchas realidades que limitan la vida plena en este territorio encantado y apetecido por el voraz capital que pretende el despojo y la privatización de sus bienes naturales comunes. Pero, hoy no será un domingo cualquiera, será el evento que marcará la historia de Honduras, no solo por cuatro años; sino el rumbo del país. He allí, la importancia de no botar el voto.
La participación de la población en las elecciones constituye un derecho y un deber ciudadano pues, son la expresión de la participación ciudadana en la democracia liberal representativa. Ojalá pudiéramos avanzar a otro tipo de sistema democrático u otro modelo de organización política de la sociedad hondureña, fruto de las luchas de los pueblos, que impulse la participación directa en los asuntos públicos, territoriales, económicos y sociopolíticos. Pero mientras eso ocurre, hay que dar pasos que contribuyan a la Honduras que soñamos. El primer paso, es acudir a las urnas y ejercer el sufragio para definir a las personas que nos representarán en los 3 niveles de elección: Presidencial y representantes al Parlamento Centroamericano, diputaciones en el Congreso Nacional de la República y los gobiernos locales. El segundo paso, es estar vigilantes al cierre de las urnas, y el tercer paso, luego de las bullas electorales, arreciar la organización y las luchas, como nos diría nuestra ancestra Berta Cáceres.
El padrón electoral confirma que, 6.5 millones de personas hondureñas están aptas para ir a votar, y 8 de cada 10 personas acudirán a las urnas en estas elecciones generales, según el Sondeo de Opinión Pública realizado por el ERIC-SJ en 2025. Es así que, se espera una votación masiva, que impida los fraudes y la indiferencia ciudadana en el destino del país.
A 70 años de que las mujeres hondureñas hayamos logrado el derecho al voto, y concluyendo el periodo de la primera mujer presidenta en Honduras, se tiene el desafío de que las mujeres sigan participando en política y definiendo lo público en beneficio de las mayorías, pero especialmente de las mujeres, las olvidadas de la historia y que irrumpen en lo público, a pesar de las violencias y expresiones machistas. Hoy más del 54% de las mujeres activas en el padrón electoral tienen la oportunidad de votar, y ojalá que pensemos como mujeres desde nuestras realidades y luchas cotidianas, no desde colores políticos que históricamente han marcado la ruta, para quienes somos sus accesorios en una papeleta de suplencia, cocineras para las concentraciones políticas, pega afiches o un voto fácil de seducir con un abrazo y sonrisa fingida.
El voto, más que una moneda de cambio para el mejor postor, significa el poder de un pueblo para elegir conscientemente a sus autoridades, a sus representantes, a quienes les tendría que exigir cuentas y que sus hechos hablen más que sus discursos rimbombantes y trillados. Y prestar mucha atención a aquellos personajes políticos que tienen más de una década en sus cargos y no han demostrado los cambios que en cada elección anuncian.
Según el Sondeo de Opinión Pública SOP, el 73.4% de la población está en desacuerdo con la reelección a nivel de diputaciones; y en el caso de los alcaldes, el 42.9% considera que deben ser electos para un solo periodo, y el 32% que pueden ser electos por dos periodos. En general la reelección sigue estando en el plano de no conformidad por la población, salvo en los gobiernos locales.
El voto requiere ser razonado, consciente y soberano. Sin escuchar voces asustadas de algunos actores. En primer lugar, de los grandes empresarios que no quieren pagar impuestos porque sus riquezas acumuladas por los privilegios del sistema económico u oportunidades para el saqueo del Estado se ven limitadas. Según Juan Arancibia, es una clase dominante local dependiente que no llegó a consolidarse y estuvo a remolque del capital y Estado norteamericano. En segundo lugar, los medios de comunicación corporativos que, lejos de informar a la población han sido eco de voces trasnochadas de especulación y noticias falsas, a tal punto que llegaron a manipular la información sobre el reciente logro de Honduras, como país elegible para la cuenta del milenio después de 16 años.
Y, en tercer lugar, el Estado norteamericano; particularmente la figura de Donald Trump, quien, desde su investidura presidencial en Estados Unidos, cree que seguimos siendo la “república bananera”, su “patio trasero”, sí, Trump que también ha sido acusado por múltiples casos de corrupción, y ha maltratado a nuestros hermanos y hermanas migrantes con la implementación de las políticas antinmigrantes. Sin embargo, al estilo de la más burda intromisión, Trump con dos publicaciones en redes sociales sacude la balanza política, diciendo por quien votar –Nasry Asfura Zablah del Partido Nacional- y que, además, como premio de consolación indultará a Juan Orlando Hernández, y nos mandará al ex presidente que está sentenciado a 45 años de prisión por tráfico de drogas y de armas, a quien la justicia de Estados Unidos ha catalogado como el mayor capo de la droga en la región que llegó a ser presidente y por más de una década hizo de Honduras un narco Estado. Entonces, hay preguntas que corretean la reflexión ¿La justicia en Estados Unidos también está condicionada al poder político? ¿Se combate el narcotráfico liberando a los narcotraficantes? O ¿Acaso el “hombre”-JOH- con su partido Nacional es quien sí representa los intereses de Estados Unidos en Honduras, no solo en drogas, sino en la instalación de las ZEDE y otros proyectos extractivos como su apuesta de gobierno?
Vale recordar que, Juan Orlando Hernández se reeligió ilegal e inconstitucionalmente y en el 2017 fue favorecido por fraude electoral como mecanismo de un golpe de Estado “técnico”, el segundo en Honduras en el siglo XXI, lo cual generó la crisis política post electoral que nos dejó múltiples violaciones a derechos humanos, y la muerte de 33 personas vinculadas al conflicto, según el informe de “Monitoreo de violaciones de derechos humanos en la coyuntura del fraude electoral” realizado por la Coalición contra la Impunidad. Luego recordamos, que en el 2018 salieron las “caravanas de migrantes” como una expresión pública de descontento y de búsqueda de un proyecto de vida fuera de las fronteras hondureñas.
Como bien lo decía el filósofo Jorge Ruiz de Santayana “Quién olvida su historia está condenado a repetirla”, he allí la importancia de que exista un diálogo constante entre el presente, y la historia, solo así tendremos luces para construir el futuro. En este contexto complejo y clave para la vida hondureña, se invita a la población a realizar 5 rupturas:
1- Ruptura con los fraudes y la corrupción de los partidos políticos: Para ello, se requiere de una ciudadanía que masivamente acuda a las urnas, ejerza su derecho al sufragio respetando y exigiendo el uso del sistema biométrico, y esté vigilante al conteo de los votos cuando se realice el escrutinio público y denuncie las irregularidades observadas. Considerando que se han denunciado la existencia de vulnerabilidades en la transmisión de resultados preliminares TREP.
2- Ruptura con el pensamiento sumiso y dependiente: Ante las declaraciones de Trump, el llamado es a acudir a las urnas con la convicción de ser un pueblo que merece respeto a su soberanía, a que nadie le venga a decir qué hacer, cómo hacerlo y a condicionarle en favor de intereses ajenos a Honduras. Aunque sea un presidente del norte y sean históricas las relaciones que nos unan; pero las hondureñas y hondureños merecemos relaciones internacionales alejadas de vínculos tóxicos con actitudes de chantaje y manipulación, e intromisión en los asuntos internos por control geopolítico en la región. Sin embargo, espero que el pueblo hondureño responda contundentemente con pensamiento crítico, con la autoestima y la dignidad de ser un país que lucha por su soberanía, para tener una república capaz de relacionarse con cualquier nación que le respete como tal. Vale seguir el ejemplo del pueblo «Neoyorquino», que no permitió chantajes, porque donde los grandes magnates y genocidas digan, allí no es.
3- Ruptura con el modelo privatizador de lo público: Votar por quienes apuestan a lo público es la clave para decidir el presente hondureño, pero también defenderlo cuando se requiera. Lo cual, será importante para 8 de cada 10 personas en Honduras que les interesa lo público, según el último Sondeo de Opinión pública del ERIC-SJ. En tanto, los bienes comunes y públicos son esenciales para la sostenibilidad de la vida humana en sociedad, sin embargo, en Honduras lo público ha sido el botín para transferirlo a manos privadas donde se benefician unos pocos y las mayorías quedan sin acceso o con múltiples precariedades.
Lo público es todo aquello que beneficia a lo colectivo y que el Estado tiene el deber de garantizar, como ser el sistema de salud, educación, carreteras, energía, telecomunicaciones, etc. En los últimos años, se ha avanzado en la recuperación de la ENEE con evidentes transformaciones y logrando que la población más empobrecida se beneficie directamente del subsidio de energía. Asimismo, el sistema de salud y educación ha avanzado a nivel de infraestructura, aunque los desafíos son mayores. Entonces, hay que preguntarnos ¿Quiénes apuestan por lo público?, ¿Qué ha hecho cada partido político en sus gobiernos en beneficio de las mayorías?, ¿Quiénes han saqueado los recursos del Estado para favorecer a la empresa privada? ¿Quiénes han sido los responsables del saqueo del Seguro Social?
4- Ruptura con las violencias machistas y el poder limitado para las mujeres: En una sociedad tan polarizada, las violencias se intensifican y toman un matiz particular y agravado cuando son las mujeres que participan en la política, sin importar el partido político al que pertenezcan. Para muestra un botón se destaca, al presidenciable del Partido Liberal, Salvador Nasralla, quien se ha expresado públicamente de manera violenta, sexista, misógena, acosadora y con discursos de odio hacia las mujeres, ya sean juezas, la presidenta de la República Xiomara Castro, la candidata presidenciable Rixi Moncada, la presidenta del Consejo Nacional Electoral Anna Paola Hall a quien le ha cuestionado su participación y capacidad al decir que presenta “debilidad por ser mujer”, y en general ha dicho que las hondureñas “no son inteligentes”, entre otras expresiones.
Hoy la llave es votar por las mujeres y las personas que en sus propuestas y acciones consideren la voz, la participación y el aporte económico de las mujeres en el país, así como sus necesidades, realidades y sueños. Apostar por las mujeres en la política y en lo público es clave para los procesos de transformación. Ahora las capacidades para dirigir un país están en manos de mujeres, y la opción más competente para Honduras es la candidata presidenciable Rixi Moncada, quien propone la “democratización de la economía”, atendiendo los principales problemas de la población: el desempleo y la crisis económica. En tanto, la organización de las mujeres y movimiento feminista es esencial para avanzar en las luchas que nos interesan a más del 52% de la población hondureñas: las mujeres.
5- Ruptura con la indiferencia y apatía política: Se necesita revertir el desinterés en la política pues, 8 de cada 10 personas han expresado en el SOP que no les interesa la política. Hoy asumamos la responsabilidad histórica de leer, formarnos e informarnos, para aportar a una mejor Honduras, desde nuestro voto, voz, organización y participación colectiva.
Mercy Ayala
Investigadora ERIC sj