Elecciones entre gritos y algoritmos
Alicia Valdés nos alerta de que estamos viviendo la crisis de la antipolítica de las emociones que nos hace vulnerables a la manipulación del marketing electoral y los algoritmos, que apelan a nuestras reacciones instintivas.
El resultado es la negación de la razón, de los datos y las evidencias si contradicen nuestras creencias, así como el planteamiento del proceso electoral como una batalla entre el bien y el mal, donde el contrincante político es un enemigo.
Las redes sociales profundizan esta fractura al movilizar emociones donde se anteponen la excitación y las noticias falsas sobre los argumentos. La indignación se convierte en el motor del voto.
Y como señala Daniel Innerarity, el voto responde más al rechazo que a la identificación con un plan de gobierno. Se vota por emocionalidad, incluso en contra de los propios intereses.
Por eso, hoy más que nunca es necesario trabajar por dos cosas: la primera, recuperar la escucha, pues como lo señala Byung-Chul Han, sin escucha no hay debate y sin debate la democracia se resiente.
La segunda, cumplir con nuestro deber ciudadano de resistir a la facilidad con que confundimos preferencias ideológicas con superioridad moral y que nos provoca una sordera que nos impide reconocer en el otro a un interlocutor válido.